jueves, 30 de diciembre de 2010

Grietas

En verdad nunca te curas del todo
Aunque tampoco te llegas a poner enfermo, ni a sangrar de verdad.
Así que supongo que las heridas metafóricas sólo pueden curarse metafóricamente, y nunca dejando una cicatriz sobre la piel y la carne.
Y por esas heridas abiertas es por lo que tenemos tanto frío por las noches; que se nos cuela el viento entre las grietas.
Y es por esas mismas heridas que nos juntamos, intentando cubrir con otros cuerpos el nuestro, nuestros vacíos.



- A veces es bueno estar solo.
- No es verdad, sólo es mejor estar solo cuando no estás bien acompañado.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

(a)Brazos


De estas veces que guardas un poco de los demás en ti.
Te haces grande.
Y además creces.

Hoy guardo inviernos menos fríos.
Y un: "No eliges de quien enamorarte, ni cuando cortar con eso; pero eliges cuándo empezar"

Guardo monedas en los bolsillos.
Una sonrisa preciosa.
Otra vez.

Guardo para que me calienten ahora.
Y quizás algún día quemen.

Como tatuarse la piel, sintiendo la aguja.
Y pensar en el arrepentimiento, que no entra si estás llena de recuerdos.
Buenos y malos. Depende de la luz.


Me recorre un escalofrío.
(a)Brazos [que me encantan].


"No todo el oro reluce,
ni toda la gente errante anda perdida,
perdura lo añejo, si es vigoroso,
a las raíces profundas no llega la escarcha.
De las cenizas subirá una llama,
asomará una luz entre las sombras.
El hombre sin corona será rey;
de nuevo forjarán la espada rota."

domingo, 26 de diciembre de 2010

Cada domingo es un rencor y una promesa rota


Que no tienes ni idea de lo que es este dolor.
Que parece que la cabeza te va a estallar;
y te estás rompiendo al respirar, por cientos de sitios.

Todo lo que tocaste se muere.
Y tú sigues aquí dentro encerrado, sintiendo como te vuelves frío.

Aprietas las mandíbulas con fuerza. No, no como puedas intentar imitarlo.
Con tanta fuerza que puedas mantener dentro todo lo que te golpea.
Te golpea, te golpea, te golpea.
Tanta fuerza que te duela; más que el pecho, más que las lágrimas quemando la superficie de tu cara con su sal.
Que te duela tanto que no puedas pensar en otra cosa que no sea apretar y que duela.
Morir de ese dolor. Para evitar morir del tuyo.

Que pierde el sentido el compás acelerado del corazón.
Y quedo yo, sola;
silencio y ruido,
callo y a gritos te maldigo.

Y es que se consume, se gasta, y se esparcen las cenizas.
Hasta que quede sólo yo, fría, tiritando, con las mandíbulas apretadas y las manos sucias.
Silencio y ruido.

Me miro al espejo como si me mirases tú.
Como si me pudieras ver.

Se han ido incluso los que prometieron no dejarte nunca,
esos los primeros.
Y te acuerdas de ellos.
Gritas.
Gritas.

Porque estas sola y nadie puede oírte.
Gritas.
Y luego callas.

Sólo estás esperando algo,
una bofetada,
un beso.




Cada domingo es un rencor y una promesa rota.
Cada noche un olvido.

Me quemo, de dentro a fuera.
Escapan del humo que ahoga.


sábado, 25 de diciembre de 2010

*


a d i c t a

jueves, 23 de diciembre de 2010

Blue winter sky



Cosas bonitas,
como quedarte dormida, desnuda,
bajo la luz azul de invierno.
Y que me abraces.

martes, 21 de diciembre de 2010

Historia de cicatrices


No siempre sobrevivimos.
Pero, ¿sabes qué? Siempre resucitamos.
Aunque acabemos con agujetas en las alas.
Y cicatrices que nos acompañarán todas nuestras vidas.

¿Y esa cicatriz bajo la ceja, cómo te la hiciste?

A veces cuentas tu historia, a veces te inventas otra nueva, o la tomas prestada.

Y cuanto más cerca estamos del principio o del final, más sentimos el agua; cómo nos perfora.
Más nos calma la luz.
Que arrepentirse es para los que llegan tarde.

No siempre nos hacen efecto las mismas medicinas.
Pero importa que al final, dejemos de ponernos enfermos.


Y deje de importarnos la historia de nuestras cicatrices.
Si es cierta o falsa.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Vamos a contar mentiras


"Oye chico, vamos a terminar la fiesta en tu casa"


Y subimos las escaleras casi sin sentir los pisos que dejamos abajo.
Y tú abres la puerta mientras yo te cojo de la mano, tiro de ti hacia atrás.
El salón, a oscuras, dibuja la silueta de un sofá; donde la gravedad deja de existir y caemos juntos.
De esta forma no tengo que ponerme de puntillas para besarte.

Giras levantándote, sin soltar mi mano; y me haces a mí también ponerme en pie.
"Vamos, preciosa" dices.
Todo da vueltas, y no sé si me encuentro bien o mal.

Apoyo la espalda en la pared áspera del pasillo. Está fría.

Antes de darme yo cuenta, entre tropiezos y suspiros, acabo tumbada en tu cama.
Sin soltar tu mano.

Me das un beso; me tapas.
Te encuentro más tarde dormido en un sillón.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Special needs


Es el frío.
Las ganas de un halago ajeno.
Una mano en tu cintura, que te presione un poco y te atraiga otro poco hacia sí.
Como quererse sin pensar, de forma salvaje.
Y dejar de lado las veces que me llamas guapa, que me miras así.
Cuándo estás y cuándo no.

Sienta tan bien.
Que debe ser mortal por necesidad, adictivo y mortal.
Siempre pensé que yo no probaría las drogas.

Es una habitación desordenada.
El recuerdo de tu voz. Tus labios, que me gusta mirarlos; y significa que quiero juntarlos con los míos.
Piel contra piel.
Calor.
Morder.

Asomo la lengua entre tus dientes.
Intento abarcar tu cuello con mis manos.
Si me pego lo suficiente, me meteré dentro de ti.
Y estaré en cada habitación de tu casa, en cada baldosa de tu ciudad.

Si me pego lo suficiente,
no dejaremos pasar ni el humo que nos separa.
Y notar tu mano fuerte, en mi espalda.
Y notar la presión, la tensión.
Y querer gritar, explotar.

Liberarme y salir de mí.
Y entrar un poco más en ti.

Es el frío.
Las ganas, la necesidad.
Quiero ser especial, no para ti, ni para todos, sino para nosotros.


Necesidades especiales que se basan en una dieta de frío y luces de navidad;
para esta temporada.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Obvious




Aunque resulte obvio.
Me gusta quererte.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Algo frenético


Tengo mal cuerpo. Como frío.
Hoy es nochevieja. No para todos, pero para nosotros.
En cada esquina me resigno. Y pienso que es el único modo.
Duermo mejor rescatando lo viejo y haciéndolo nuevo.
Me alimentan cada semana. Pero tengo que ganarme la comida.

No sé si soy yo la que cambia o son los demás.
A veces, en una misma ciudad, llueve en dos sitios distintos.

Miras hacia otro lado.


Algo frenético.
En días como hoy siento como que me hago pequeña, y desaparezco (para ti).
Tan pequeña que al gritar no escuchas más que tu respiración.
Y sólo se me ve. Si te fijas.

Punto de vista.



Me pregunto cómo me ven tus ojos, si me ven.
Y cómo sonará mi voz en oídos ajenos.
El tacto de mi piel, el color de mi pelo.
Mi risa.

Me preguntó qué evocará en tu pecho.
Y cuál de todas mis imperfecciones es la que siempre puedes ver.

Que desde pequeña me ha gustado más escribir títulos que historias.
Si pudiera sólo hablaría de eso.
Del pastor de lobos.

Me pregunto si los semáforos y las farolas, y los portales, te dan tantas ganas de besar como a mí.
Quizás no es que los demás sean inmunes; tal vez vivo en otra parte, donde un ascensor es una caja que nos aleja del mundo.
Y guardar dos recuerdos en una caja de cartón.

Me pregunto si los recuerdos de mi caja se harán lo que te hago yo a ti en el ascensor.
Cómo me ves desde tan lejos.




martes, 14 de diciembre de 2010

Stand up and walk on the sky


Que todo el mundo pueda reír como lo hago yo.
Que todo el mundo pueda ver las luces que veo cuando camino calle arriba, de noche, con la navidad en la puerta de casa.
Que todos tengan el privilegio de tocar tu piel, y sentir algo pesado en el pecho, quitándoles la respiración, cuando te vean dormir.
Que todos sientan que los amigos que están lejos en verdad siempre andan cerca.
Que todo el mundo sea capaz de ver lo bonito que es el cielo, cada día.
Y lo bonito que es el agua.
Que todo el mundo tenga de esos recuerdos que te dan calidez.
Que todos necesiten la navidad y su color tanto como lo necesito yo.

Ojalá que todo el mundo pudiese ser feliz como lo soy yo.
Y llorar de una forma tan suave, y sufrir de una forma tan poco realista y tan poética.
Ojalá que todo el mundo pasase noches en vela mirando por la ventana, y tuviese amaneceres de esos en los que alguien te da un beso.
Porque me gustaría poder hacer sentir bien a toda la gente que se siente mal; sin palabras de consuelo, sin mentiras o promesas, simplemente enseñándoles lo que yo veo.

Y lo que yo veo me lo enseñó un mago.

domingo, 12 de diciembre de 2010

En hora buena

Vuelves a tu piel en, cinco, cuatro, tres... (justo tu piso).
Te empiezas a odiar como hace cinco meses.
Como cuando evitabas los espejos.
Te sobras.
Te sobra existir.

Y es que no sabes más que romper y romper.
Y hacer daño, y estropear.
Y no veas cómo duele.
Te tiembla todo el cuerpo.
Te metes desnuda en la cama.

Enhorabuena, has tirado lo más importante que tenías.

Own


No siempre puedes sonreír.
Diría que por mucho que lo intentes; pero ahí está el problema.
Y es que te levantas sin ganas ni fuerzas.
Te duchas agradeciendo el tiempo que puedes pasar bajo el agua;
y así no tienes que ocupar tu mente durante unos minutos, quizá una hora, si aprendes a no ahogarte con tus lágrimas.
Tu propia historia te hace llorar desde fuera.
Desde la puerta de casa al colchón con sus muelles, que aún me hablan de ti.
Lloras de pena de tu vida, como si no formases parte de ella.
Que algo tan triste no pasa en tu monotonía diaria. Como el cuento ajeno con final (in)feliz.
Lloras imaginando monólogos (y es que él no tiene voz).
Lloras porque no te ve nadie llorar. Y quieres un consuelo.


Y es que ahora eres más planes de futuro caducados y recuerdos.
Te aferras a tus viejas novelas, las que te enamoraron.
Y recuerdas, de joven, las ganas que tenías de amar. De tener un dragón para ti.
Un Yandrak.
¿Cómo vas a contarles a los que vengan que tú no sabes ser princesa, pero quieres que ellos sean príncipes?
No de esos de capas y corceles.
Príncipes de los que te cuidan todo el tiempo, de los que te hablan para que las voces de tu cabeza no se ciernan sobre ti.
Príncipes que tienen más miedo de tu dolor que de tus gritos.

Tratas de educar al mundo para que se amolde a ti.
Pero sigues esperando despierta cada noche, aun sabiendo que acabarás yéndote a dormir con el mismo sabor amargo en el fondo de la garganta, justo donde se te han atascado las palabras que querías decir(le). Que puede que ya nunca digas.
Tratas de educar a los hombres, a las nubes, a la nieve. Para que nunca nada más te haga sentir tan mal; para que te cuiden siempre.
Pero eres tú la que siempre (te) rompes las promesas.
He visto cómo jurabas no esperar, no enamorarte, no reñir, no reprochar, no soñar antes de dormir.
Y aún te oigo decir ese nombre muy bajito entre las sábanas. Invocándole; creyendo en esa tontería de que, justo cuando tú lo nombres, él sentirá algo cálido en el pecho.

Te he visto caer tantas veces que ahora lloro por tu historia en vez de por la mía.
Como si esto no fuera también mi vida.

Te juro que sólo quiero (saber) que me eches de menos como lo hago yo.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Soñaré


Finjo dormir. Guardo silencio y cierro los ojos.
Casi se vuelve mi imaginación realidad y te veo hablando conmigo, con tus fantasmas.
Y dices eso que tus silencios niegan.
Te quiero. Te necesito.
Sonrío, como en sueños; que dejo de sentirme rota, que dejo de sentirme como una cazadora de dragones.
Sé que algo se resquebraja, puedo sentir las grietas sobre la carne y el alma.
Y finjo dormir para no tener que ser tonta nunca más; porque he estado toda la noche esperándote.
Y apareces de madrugada. No quiero decirte que me haces daño por si no me abrazas más. Necesito que sepas que te he pensado, por si así sientes la necesidad de darme un beso.
Y finjo dormir esperando que leas la piel de mis mejillas, la postura de mis manos.
Hablas conmigo. Me pides perdón. Te lo pides.
Porque yo no te he perdonado, no hasta que llegues antes de que decida tumbarme sobre el colchón y cerrar los ojos, esperando escuchar tus pasos y la puerta al cerrarse.
Esas conversaciones que sueño que tú también tienes.


- ¿No hablas, cariño?
- Tengo la esperanza de que eches de menos mi voz.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Miracle


Sólo se escucha la lluvia caer sobre el asfalto, sobre la luz ámbar de las farolas;
lloviendo sobre mojado.
Los coches, los neumáticos a lo lejos, tan silenciosos que puede percibirse hasta el agua que se adhiere a la goma.
Regueros que acaban goteando desde algún tejado.
Miro atrás, al edificio de mis espaldas; y cuento: unos, dos, tres... la luz no está encendida, lo sé, pero miro como si alguien me pudiese ver. Porque se me encoge el corazón.
Espero una intervención secular o divina; humana.
En silencio.
Y llueve tan suave que parece que el tiempo se esté deteniendo paulatinamente.
Espero una intervención.
Porque es mi respuesta a la fe.

Quiero esa sensación que me dibuja una sonrisa, y me llena el pecho de calor. Me hace olvidar todo lo que recuerdo cuando estoy sola.


"Sólo recordamos aquello que nunca sucedió"

martes, 7 de diciembre de 2010

Hablo, y hablo, y hablo



Elocuentes silencios.
Te miro de reojo, en esta oscuridad deslumbrada de blanco.
Hablo, y hablo, y hablo. Y sé tanto de ti que me he convertido en una desconocida.
Cómo eran ellas, que haces antes de dormir, cómo duermes y cómo no. Cosas que ni tú sabes.

Y hablo, y hablo, y hablo.
Me doy la vuelta.
Esto ha sido otra prueba; de las que te he hablado hace diez segundos.
Escucho, junto a mi oído, la vibración que te guarda la voz.
Y yo hablo, y hablo, y hablo.

Quiero que digas algo.
Pregúntame por mí.
O miénteme.
Enfádate.
Apaga todas las luces.

Hablo, y hablo, y hablo.
Porque cuando me calle; y tú guardes elocuentes silencios, agradeceré estar a oscuras para que no me veas llorar más.

El miedo que me da pensar estas cosas.
Verlas.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Así; de este modo


- Me pita el oído.
- Eso significa que alguien piensa en ti.
- No, eso es cuando estornudas.


- ¿Y tú nunca te sientes solo?
- No me dejas tiempo para eso.
- Yo ya tengo toda una vida para sentirme sola.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Planes de una vida



Un sabor raro en la boca.
Como de dulce y salado. Y agrio. Y ácido. Y amargo.
De bien y mal.
De estos domingos y esos viernes.
De esos días en los que eres consciente del final.
No es que esté cerca o lejos. Es que está.
Y puedes verlo.
Piensas: "¡Qué chica más tonta!" (y como le gusta jugar a que [no] ve)
Como haciendo planes de futuro. Planes de una vida.
Y de mayor quiero ser feliz. Y cuando crezca quiero...
Y antes de perder te das cuenta de que no estás jugando.
Porque te gusta pensar en esas cosas.
Porque te da más calor por la noche.

Y al mirar sólo quiero ver un "para siempre" de esos que tanto me aterran.
De esos que sólo en ocasiones quiero reconocer que son mentira.
Porque vivo como si lo que fue será, y lo que será fue.
Siempre haciendo los mismos planes de una vida.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Lo(v/s)e me


Hoy hablo de mí.
De cómo hace mucho que no pienso en que esto que vivo es mi vida.
Que siento moverse sin manos desatando botones sin sentir que las muevo yo.
Y no es una de esas veces que la amargura o el vacío pesan.
Es como flotar, lejos de tu cuerpo, sobre las cabezas de los demás.
Como la muerte. Pero una muerte orgásmica, a la francesa.
Y es que hace mucho que veo tanto que no he encontrado nada bonito; que río tanto que la ausencia se me presenta agradable.
Estar sola, estar acompañada.
Hace tiempo que es lo mismo. Cálidas distancias. Fríos lazos que no se ven.
No es que no me quiera(s), pero oye, tampoco tengo demasiadas ganas de odiarme.
Llevo demasiado tiempo tirando de mí sin hablarme.
Igual que se tira de una hermana pequeña, igual que se tira del cadáver de una mariposa posada sobre el cristal de la ventana.
Alguna bombilla se ha fundido aquí dentro, que empiezo a dormirme en esta oscuridad.
No soy libre, no soy cautiva.
Es que lo que me impide moverme es el límite de mis piernas.
Hay algo que se funde en silencio;
y quiero volver a la etapa de El Mago y las calles que de pronto eran mágicas.
Y a llorar de felicidad, de aquella dorada.
Besos en navidad.


"Ojalá nunca cambie esa forma que tienes de de estar en el mundo"

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Dentro del pecho


Hablas muy bajito.
Te brilla el corazón dentro del pecho.
No recuerdas el ritmo de tu canción.
Ni su nombre, ni su olor.
No es que tengas mala memoria.
Es que bajo este frío todos perdemos el aliento,
por una cosa o por otra
nos hemos quedado en el camino.
En mitad de la calle,
parados.
Yo busco una mentira,
tú ese bar.
Que caiga la nieve,
que me duele la espalda de este recuerdo.
La carga.

Tienes los labios tan fríos que a la que beses ahora
se convertirá en hielo,
y piedra en primavera.
Pero no eres el único que puede invocar a las fieras,
ya me arañaron la cara.
Sólo que nunca entre la sal y la tierra.

Hablas muy bajito.
Te brilla el corazón en el pecho.
Porque no quieres que vea que has olvidado el ritmo de la canción.


No te necesito tanto cuando estás conmigo
como te necesito en estas noches.
Por eso tengo esta cara; que tú ni te das cuenta.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Good night


Y por las noches me preocupa saber que vives bien sin mí.

Aunque eso me convierta en mala.

domingo, 28 de noviembre de 2010

View



Que pierdes la voluntad de pensamiento por su cintura, por la forma en la que se mueven sus caderas cuando anda.
Y el pensamiento se te escapa entre el olor de su pelo y tu mejilla contra su espalda.
Piensas en para qué volver a casa, si ella no va a estar para quitarte con sus manos cálidas el frío de la calle. Que no hay mucha diferencia al cruzar la puerta, si lo que te espera al otro lado es una cama siempre demasiado grande, demasiado vacía.
Es que cuando se ha metido en la cabeza no puedes respirar sin que ella esté en el aire.
Y ella ni sabe de tu enfermedad y su culpa.
Y a veces te enfadas, tanto que te gustaría gritarle una de esas canciones que duelen; y ser tú, por una vez, el que haces daño.
Pero toda la niebla se esfuma ante tus ojos, dando paso a un sol de invierno, cuando despiertas y sientes su piel bajo las palmas de tus manos. Y se gira, despeinada, y te da un beso.
Y tu pecho se ve invadido por una sensación que te roba el aliento, te entran ganas de llorar; pero ¿cómo vas a explicarle estas lágrimas? Le tendrías que decir lo perdido que has estado sin saberlo hasta que la encontraste. Le tendrías que decir que le debes mucho más que momentos preciosos. Que hacía años que no te sentías seguro,
feliz.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Tan sola...


He necesitado alcohol (lo necesito) para decirte eso que me golpeaba el pecho por dentro.
Más allá de estar aquí o allá, que total, todas las aceras me dan vueltas.
No te puedes imaginar cuánto me gustaría estar en tu cama; para que me protegieses de mí misma, como siempre haces sin saber.
Y más de una docena de chupitos de docenas de sabores para reunir el valor de decirte las dos palabras más pesadas del mundo (desde que te conozco).
Porque me liberas de todos los pecados.
Y casi es cálido llorar en tu hombro, aunque aceche el miedo a cansarte.
Tengo tanto frío que achaco más de la mitad a tu ausencia.
Me duele el pecho, el cuello, los hombros y la cara de echarte de menos. Me duele por dentro.
Y es que no hay remedio. Sólo calmantes que me mientan, como si todo el alcohol del mundo fuese a evitar que yo me sienta tan sola esta noche.
Tan sola que sean tu palabras mi único abrigo; tan sola que sienta el frío mordiendo mi carne, a pesar del edredón que puedo acaparar, que no tengo que compartir.


Tan sola que este nudo en la garganta me va a matar.

martes, 23 de noviembre de 2010

Hero of war




Ganas de despojarse de todo.
De pedir perdón por no tener valor.
Y cuando plantas cara hacerlo bajo un escudo de lágrimas.
Por no poder sonreír. Te juro que llevaba todo el día queriendo enseñarte mi sonrisa.
Y es que ya no me quedan fuerzas. Y siento que me fallo a mí misma más de lo que te fallo a ti.
Porque si pudiera todo estaría cabeza abajo. Y no estaría triste nunca; aprendería a vivir la parte de vida que me toca a mí sola. Para reconciliarme con mi alma y jurar que puedo dormir sin compañía.
Pero es que me duele intentarlo.
Me duele sola, sin ti.
Y me duelen tus silencios. Esos de: uno, dos, tres...
Me duele porque me hacen pensar que es que eres así, y cambiarte es renunciar a ti. Y eso supone estar sola. Y perder un poco la fe, y volverme un poco loca (más).
Siento toda esta fe que no pediste sobre tus hombros, esta esperanza que he plantado yo sola, y ahora te culpo si muere.
Siento que esta sea mi cara de todos los días; no poder ser mejor.


lunes, 22 de noviembre de 2010

HardTimes



Me siento lejos, que no sola.
Tú sabes de lo que hablo. Es estar rodeada de gente y no ser feliz.
Que siempre algo falla; y eres tú.
Lejos para sentir el calor, para ver con claridad.

Que quiero que me agobien,
que me busquen tanto que sean capaz de encontrar cada centímetro de mi piel.

Y mirar la pantalla, y pensar en él.
Que se te cierran los ojos con fuerza, porque no quieres ver más este mundo, pertenecer a él.

Y yo, no sé muy bien porqué, cada día al despertar miro mi teléfono, esperando tener algo que leer de ti.
No quieres pertenecer. No quieres estar.
Tienes ganas de que te saquen de ahí, de que te extirpen del tiempo y el lugar; de ti misma.
Y que sea otra tú la que tenga que vivir, que a ti no te apetece.

Te levantas porque la otra opción es quedarte en la cama para siempre.
Que si no lo haces ahora, no lo harás nunca.


Por eso tú no te das cuenta, pero yo lo noto todo.
...mientras duele.

Ice


Como cuando te despiertas cubierta de escarcha...
y no te acaricio por miedo a romperte.


Como las alas de las libélulas.

Y has de saber que no se trata así a las chicas,
que debes tocarlas como si se fuesen a desvanecer,
y has de temerlas como si fuesen el aire de la tormenta.

domingo, 21 de noviembre de 2010

La fe del asesino



Sonrió pensando que su final no podía ser de otra forma.
Sólo con ver el porte del caballo que galopaba frenéticamente hacia él supo quién se ocultaba tras la capucha y el arco, tenso, en su dirección.
No sintió el primer impacto, en el hombro derecho, justo bajo la clavícula; su mente estaba ocupada en el vaivén del cuerpo del jinete, en sus piernas flacas apretadas con fuerza contra los costados de aquella yegua zaina.
La segunda flecha mordió su muslo derecho, haciéndolo caer de rodillas, y sin embargo él sintió como si le hubieran atravesado el pecho.
Para entonces el jinete ya lo había pasado, situándose a su espalda.
Eryo ni siquiera necesitó volverse.
- Siempre supe que tú acabarías conmigo -murmuró mirando al frente, más allá de las pisadas de las herraduras sobre el barro, más allá de la torre de vigilancia; más allá incluso de las montañas tras las que el sol se había comenzado a poner.
Aracne puso el filo de un puñal sobre su cuello. El aroma de su pelo, junto con el de la sangre le inundó los pulmones. Apretó con fuerza su mejilla contra la de Eryo.
- Tú destrozaste mi vida.
Sintió de pronto cómo Eryo presionaba el puñal contra su cuello y la sangre, cálida, le recorría las manos. Dejó caer el puñal. Y Eryo sonrió para ella una última vez.
A lo lejos ya se podían escuchar los aullidos de los lobos.
Y la nieve comenzó a caer.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Our time


Nunca he entendido el concepto del tiempo.
La duración de las relaciones personales.
Claro, que es normal.
¿Cómo hablar de cuándo acaba esto, si aún no estoy segura de si empezó?

Y veo cómo se desmoronan los años ajenos a mi alrededor.
Me pregunto dónde las personas aman con la templanza aquella que dura años.
Me pregunto dónde se siente eso de libros y películas. Si existe.
Dónde.
Por eso siempre miro el reloj, y sonrío, sumándole un minuto a la partida.
Porque, ya sabes, en 21 días se produce la reprogramación cerebral.
Y te olvidas de mí.
21, uno por cada gramo de alma perdida.

Dónde nuestra historia acaba.
Dónde, el límite de páginas.

Si todo acaba tan tan rápido, que apenas se puede parpadear,
quién me asegura que yo soy una persona de esas que comparten sus años.
Que soy egoísta y mi tiempo se quema del roce.
Y de las cenizas frías, amor, nada hay que rescatar.


Ascuas húmedas.
Restos esparcidos por el viento.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Y puede que de ti.


He despertado antes que el sol.
Hablábamos los dos. Y puede que de ti.


Porque en mi colchón puedo jugar a encontrarte,
aun sabiendo que hace mucho se perdió tu olor entre mi pelo,
enredado en la clavícula,
hecho un ovillo sobre el pecho.

Y si supieras las veces que te invoco...
Antes hubiese dicho que, si lo supieras, no me dejarías nunca.
Pero es que hoy me he hecho mayor,
que no madura, sólo vieja. Desgastada.
Así que diré que si lo supieras callarías, haciéndome sangrar en silencio,
para que no seas capaz de ver la herida
(curarme con tus manos).

Hoy era día de acogerse a la norma LVIII.
Y ya que puedo permitirme olvidar cosas (asuntos de la edad),
olvidaré qué dije.
Para descansar, con la la cabeza entre dos palabras (las que no me atrevo a decirte),
en el valle,
de los avasallados.

Regla número XXIII
"Por que no (te diré que) amo, porque me asusta amar(te)"

martes, 16 de noviembre de 2010

University time


El colchón, medio hundido, cede bajo nuestro peso. Hablamos de forma relajada, desgastando las horas como se van consumiendo las ascuas, lentamente, sin prisa.
Hemos gastado la mitad de los temas de conversación, pero no nos importa repetir siempre lo mismo, creo que nos gusta el sabor de nuestras anécdotas; el saber que nos acercan un poco más.
Después del sexo, tocan las drogas.
Y J. nos habla de lo malo que es realmente el alcohol, dice:
- De verdad, yo es que prefiero colocarme con un porro que emborracharme.
Niego con la cabeza inhalando el olor del humo que flota en el ambiente.
- No sé, depende del rollo que te traigas; quiero decir que, para salir de fiesta, yo prefiero a alguien borracho que fumando... No sé, la maría hace como que estés ausente; más bien lejos.
Ahora es J. el que asiente, con su cigarro a medio consumir entre los dedos. Y ríe.
- Sí, yo una vez conseguí deshacerme así de una chica. Yo me había fumado un porro de marihuana entero y no hacía más que reírme, y ella preguntaba "¿Y esto te va a durar mucho?". Al final se fue.
Nos reímos.
El colchón que hace de sofá se hunde más y más. Fuera hace un frío de esos de diciembre de nochebuena.
Y pienso que la anécdota casi puedo hasta palparla.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Value



No todo era un día a día de luz fría y dorada.
A veces sentía cómo mi existencia tenía el mismo valor que un videojuego, tu droga o una noche de fiesta, para ti.

Y ya no tenía que competir con los fantasmas de las chicas que te quisieron (que yo no me atrevía a decírtelo); tenía que luchar contra ti mismo. Para ver si así me querías más/bien.

domingo, 7 de noviembre de 2010

El sueño del vencedor.


- ¿Estás nerviosa?
- No, tengo miedo.
- ¿No es lo mismo?
- No, es que él me da paz.
- ¿Entonces cómo puedes tener miedo?
- Porque es el tipo de miedo que tiene el vencedor.
- ¿A perder lo ganado?
- No, a despertar.


Despertó con ella al lado. Cálida.
Le dolía el hombro de la postura de toda una noche compartiendo colchón; y en una película de esas de un hollywood romántico hubiese permanecido quieto, por temor a despertarla, horas si era necesario; pero él no era un guaperas de película, y ella no encarnaba el papel de una semidiosa de silicona.
Habían pasado tantas noches juntos que no temía romper el idilio del sueño. No había por qué disculparse, qué temer. Porque no era un decorado de novela, era real.
Real como levantarse despeinado, tirarse pedos y despertar al de al lado.
Como pisarle el pie, darle un codazo o romper un plato.
Humano, que, de no hablar de ello, ya casi lo echábamos de menos.

Y te despierto. Y te doy un beso.
Me duele el hombro.
Ya lo siento.
Ahora nos quedamos callados, sin tener que levantarnos a llevarnos mutuamente el desayuno a la cama. Sin tener que dormir abrazados, con ese brazo que siempre sobra.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Regla XXII
"Siempre que nos separemos, será para reencontrarnos después"

viernes, 5 de noviembre de 2010

Me empieza a dar pánico estar sola.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Tears Speak



Hablando como si olvidase mi sexo.
Que quería que me dijeses que me habías echado de menos, aunque fuesen apenas horas.
Que quería despertarme y leerte.
Que quería que me dieses un beso, y me susurrases que no estaba loca, que no te agobiaba.
Que estabas celoso u ojalá anduvieses por aquí.

Y yo te dije un "Es igual".
Y tu, sin entender que no era una despedida, que era una lágrima, cerraste diciendo: "Un besazo guapa".

Y ahora tengo tantas ganas de llorar que se me va a caer la noche encima.
Y no encuentro el valor para volver a hablarte y no sentirme estúpida.

¿Follamos?(o no)


Con lo pronto que es, otro blog me acaba de mandar atrás en el verano.
Hablábamos de sexo (cómo no).
De que si los hombres van a lo que van, y nunca nada es casual.
Toda mujer que lea esto sabrá ése pensamiento que surge cuando somos tratadas bien (demasiado). Y tú dudas. ¿Por qué me acompaña hasta el portal?¿Por qué me invita a su casa?¿Por qué me saca a bailar?
Dudas, porque tienes miedo, un miedo egocéntrico, de que en el fondo sólo sea eso, sexo. Artimañas para llevarte a la cama, bondad animal.

Y... no sé, no he podido evitar sonreír. Sonreír porque no es verdad. Porque, sí lo es. Pero no.
Recapitulemos, sí, claro que esas cosas pasan y pasarán siempre, es la forma educada, la forma que no asusta del típico ¿follamos? (o no). Pero no es la única forma. Y aunque lo sea, cual es el problema. Siempre he pensado así.
Cuando no quieres, dilo claro, aun a riesgo de perder los privilegios, aun a riesgo de perder a una persona. Puede suceder también que esa persona, a pesar de todo, siga ahí.


¿Follamos? O no. Da igual, soy un encanto de todas maneras.

miércoles, 3 de noviembre de 2010



Diría ganas de enamorarse, pero, sabemos que es mentira, como cuando acabáis mis frases en la mente y asentís mis medias verdades.
No, no es amor eterno ni años de caricias y fidelidad.
Es más bien la fricción de los primeros encuentros. El: "dame un beso". Y un: "no, te lo doy porque yo (te) quiero".
No sentir que me apetece reclamar que no tengo, y no hacerlo, porque ya estamos conociendo a las chicas un poco, y sabemos que no es tanto las ganas de ti como el que tú la necesites para respirar.
Un abrazo por la espalda.
Reírme un montón.
Ya sabes, esas cosas que una echa de menos.
Y, lo más importante, lo que me quitará el frío de mil amaneceres de noviembre, lo que me consuela más que tu aliento cálido.
Echas tú de menos.
Demuéstralo.

martes, 2 de noviembre de 2010

Rest


De que te duela la cara de cerrar con fuerza los ojos.
Y que tus lágrimas sean dos senderos cálidos sobre las mejillas.
Y eso de enfadarse con todo el mundo.
Porque nunca te ha gustado que se sepa la verdad.
O que no te consuelen con mentiras.

Has gastado más vidas de las que tienes, y empiezas a replantearte el deseo de la inmortalidad.
Porque cuando cuentas, tiemblas.
Tampoco te gustaron nunca las matemáticas.
Cuentas.
Que no necesitas del sol.
Que no echas de menos.
Que vives bien sola.
Que no hace falta más que amor del callado para cultivar.

Cuentas, y nunca se te desenredan las dudas.
Y eso que los números, que son estadística pura, dicen que nos tranquilizan.
Pues ya ves que no.
Que tranquilicen a otro, a mí pueden arrancarme directamente el corazón.

Y es que ojalá no lo tuviera.
Que sólo me preocuparía de tener más droga.
Y menos de esto que sobra, de aquello que falta y cómo mantenerte en el precario equilibrio que te hace parecer un ángel.

Cierras los ojos, con fuerza.
Cuando las lágrimas dejan de brotar sus huellas se vuelven frías.

- Dicen por aquí que en días como hoy quieres morirte.
- No, morirme no, desaparecer.


domingo, 31 de octubre de 2010

Paseo a casa



"Por que sin ti no me apetecía más noche"

jueves, 28 de octubre de 2010

Outside



De este sentimiento de decepción, como de quedarse fuera, al aire gélido de la noche, cuando tú lo único que quieres es asfixiarte con el humo de dentro. Ése calor de alientos trenzados, de alcohol derramado y tabaco de liar.
No llamas a la puerta, que lo que tú quieres es que alguien, dentro, se de cuenta de tu ausencia.

Y te eche de menos.
Como se añora la tierra materna.
Los veranos en la playa.
La televisión de cuando eras niño.

Casi con la urgencia que pide el respirar.

Piensas de forma egoísta. Deberían cuidarte más.
Te mientes diciendo que tú lo vales. O que no lo mereces, no así.

Pero el silencio es más elocuente. Y no necesitas decirlo en voz alta para saber que no es así.
Que recoges el fruto de tus semillas envenenadas de rencor, de mentiras y de envidias.
El frío de una calle oscura, de un octubre agonizante.

"Eh, chica, nos hemos acordado de ti, ¿qué haces ahí fuera?
Entra, que sin ti esto de jugar a ser mayor no es lo mismo"

martes, 26 de octubre de 2010

Fear


Tienes miedo de que algo salga mal; igual que se rompe el humo del tabaco al fumar, igual que se rompe el recorrido de una lágrima cuando parpadeas.
Miedo a que hoy, por estúpida, él se canse y desaparezca, confundiéndose en la marea de gente, que lo arrastra, lejos.
No recuerdas haber tenido miedo antes.
Que todo era un juego y tú siempre tenías el tablero sobre las rodillas.
Ahora es que no sabes qué decir, cómo decirlo. Por si lo espantas, por si lo echas.
Y no vuelve.
Y es que es hacerse feliz, que no serlo.
Tienes miedo de que el karma te cobre todos los desplantes que has hecho, y te deje aquí, en medio del frío, tirada en el suelo, con la ropa mojada, con la piel mojada, con el pelo mojado.


Y, si tuviese que decir mis últimas palabras, seguiría teniendo miedo de estropear esto que tengo.

domingo, 24 de octubre de 2010

Only

¿Y me dices que es sólo una mujer?
Eso es que no sabes de esa sonrisa, que es tan preciosa, incluso cuando sólo es un esbozo entre sus ojos, que se te hace un nudo en la garganta.
Que no tienes ni idea de cómo su olor, ése sólo suyo, se te puede clavar en el pecho, tan profundamente que duela.
Y cómo te mira. Ella cree para siempre. Y no te da nombre, no te da alas, simplemente te roba el suelo bajo los pies.

Sé que nunca la has visto dormir, porque sino no pensarías así.
Que es tan perfecta que tiene mil fallos, y muchos secretos desagradables.
Y a veces es cruel. Y a veces es egoísta.
Canta mal, baila peor, y te seduce cuando no miras, cuando no estás.
Y es que es una profesional en el arte de envenenarte con sus labios y dejar que, lentamente, acudas a ella en busca de un antídoto o un consuelo a tu adicción.
Te vuelves un drogadicto, aunque hayas sido siempre un chico sano, de esos que rehuían incluso los más saludables vicios; ella te enferma de una manera tan cálida que extrañarás su fiebre en el lado frío de la cama.

Y sí, es una mujer, pero además es ella.
Ésa que, cuando duermas con una madre a tu lado, unos hijos que en lugar de crecer te hacen a ti más viejo y una casa que contenga toda tu existencia, aparecerá en tus sueños, décadas después, para estremecer tu alma y despertar las tormentas, para hacerte sonreír o llorar, follar. Pero será ella la que mueva tus hilos.

Aún tú no lo sabrás, porque estoy seguro de que si supieras quién es ella, si tan solo evocases su recuerdo, se te estremecería hasta el verbo. Y no tendrías valor de hablar de pronunciar siquiera su nombre por miedo a acabar así de loco.

sábado, 23 de octubre de 2010

Recuérdate


Como es Octubre creo en el amor.
Como es Octubre quiero hacer planes.
Antes de que llegue este invierno que me han dicho que va a ser tan, tan frío. Puede que incluso no sobreviva a él, y quede para siempre congelada en esta pose. En este planeta, ciudad, invierno.
Ahora que es Octubre vuelvo a tener fuerza en las piernas para dar patadas. Por que tengo miedo de que vayan a ser las últimas.

En sueños, he hecho planes de futuro. No planes, sino recuerdos.
En sueños he cumplido muchísimas primaveras y al despertar aún seguía congelada aquí, cambiando muy muy lentamente, a voluntad del sol que derrita mi cárcel de invierno. Tan, tan lentamente que, para cuando quiera darme cuenta, no quedará ni rastro de quién fui, y seré quien soy ahora. Hasta próximamente.
Es lo mismo que aquella teoría de la teletransportación; ésa que decía que dejas de ser tú para volver a ser otro tú diferente en otro lugar. Ésa teoría que hizo que dejase de desear un teletransportador para volver a casa una noche de esas cansadas (por-si-acaso).

Sigo siendo, pero diferente. Más nueva aunque más vieja. Eso del vintage, que debe estar de moda. Parezco yo, pero me doy cuenta de que la piel que dejo atrás va siendo sustituida por mi nueva imagen, hasta el punto de que no seas capaz de recordarme de otra forma que como me recuerdas ahora. Como me recordarás en el momento.
Es lo mismo que éso de cuando uno se corta el pelo, y ya no somos capaces de evocar el cuerpo y forma de aquellos cabellos largos.
Recordar a los que ya no están.
Recuérdate.

(Por-si-acaso)

viernes, 22 de octubre de 2010

Fly away



Sentirse lejos.
Fuera.

Tan tarde que casi amanece


He llegado a casa.
Y nadie me esperaba despierto.
No puedo decir que no haya sido divertido. Pero es que yo también quería acabar esta noche con esos besos tan bonitos que hacen que me entren ganas de llorar.
De "te cojo de la mano y tiro de ti, para que estés tan cerca que me tengas que besar".
Y estoy aquí, a medio camino entre el llanto y la sonrisa. Que sólo quiero ir a la cama, suspirar, cerrar los ojos. Sentirme especial.

Como esos besos tan bonitos de jueves por la noche... jueves universitario. Y yo aquí sola, llorando.


"Vente con nosotros al piso"
Y ella se mordía el labio inferior, queriendo decir que buscaba una historia más bonita; azul.

martes, 19 de octubre de 2010

De que te encuentren.




Ese momento en Octubre donde tienes ganas de marcharte. Bueno, no de marcharte, de que te vayan a buscar. De que te digan todas esas cosas que, por tontas, hacen que pueda echarme a llorar y no sentirme mal nunca más. Hasta que tenga un segundo para pensar.
Ganas de esconderse, debajo de un montón de mantas, donde no tenga forma ni color, donde no tenga ojos ni sonrisa. Hasta que me encuentren, si me encuentran.
Que me reclamen, que me den motivos para ser.
Que los encuentren.

lunes, 18 de octubre de 2010

La posibilidad de la victoria



Se de lo que me hablas. De esa incapacidad de detener tus pies, aunque te sientas exhausto y pienses: "Voy a parar". Porque, con las prisas, he soltado su mano. Y ella se quedas atrás, mirando. Pero no puedes parar los pies, porque eres consciente de que, si paras, no sabrás volver a la carrera. Y cuanto más te alejas, más te das cuenta.
De que si no abandonas y rechazas la posibilidad de la victoria, la perderás. Ahí, mirándote, extendiendo la mano pero sin moverse.
Porque ella ha decidido no vivir en tiempo ni lugar. Y la barahúnda de participantes te arrastra sin tocarte, sin darte la opción de detenerte y romper la marcha perfecta.
La posibilidad de la victoria.
"Pierde y gáname"
Pero no hace falta que hables del miedo que tienes, de no ser capaz de amar por no olvidar la derrota del tiempo y el futuro. De no acostumbrarse a las eternas tardes de Otoño viendo películas atemporales con nuestros vasos atemporales de cacao, o café. Y reprocharle, cuando se vaya, que los has perdido todo. Tú, antes, corredor de élite de la vida. Y a solas el mundo sin ella.
Eso de no ser capaz de perdonar(te) el haber olvidado, en sus blancos brazos, andar sólo; hasta el punto de ser un inválido si te amputan su presencia. Hasta el punto de odiar el futuro que te prometen como discapacitado: el futuro de los perdedores.

Es por eso que, por mucho que tu corazón lata con fuerza, presa del pánico, tú no eres capaz de parar. Porque, en el fondo, quieres vivir. Darías tu vida por ella, lo harías realmente; porque cuando se marchase, tendrías que renacer, o ella te llevaría a todas las ciudades y camas a las que fuese después de ti.
Y tu quieres vivir. Es la prueba de acero.
Y ella es la definitiva.
La posibilidad de la victoria.

Continúas, mirando sus ojos, disculpándote. No es porque tengas miedo a la muerte (lo tienes, te aterra), es porque parar es un suicidio. Y tú, como todos los que juegan, participan, compiten; quieres ganar.

Pero te equivocas de camino. No te has dado cuenta de dónde está la posibilidad de la victoria.

domingo, 17 de octubre de 2010

Sendas madrugadas.


Te miro y bebo otro trago de este café tibio que hoy me dura más que otros días, como si fuera de casualidad.
Te estoy contando mi vida, saltándome esas partes que he cubierto con polvo de arena, con piedras y libros que ya me leí, cuyas historias empiezo a olvidar; si ganaba el malo o triunfaba el amor.
Rectifico cuando hablo de hombres, cuando hablo de mí.

Sobre todo te cuento historias del futuro.
Las tengo pensadas y construidas.
Y tú me miras con esa ternura y tristeza que dice: "oye, chica, eso duele cuando llega otro invierno y estás sola (cuando llegue)".
Y yo lo sé. Lo sé.

Pero siempre siento nuevo.
Tú hueles a nuevo. Como tus sábanas.
Te digo, hablando de él.

Sólo hablo de él, y si no lo hablo, lo pienso.
Ya ves. Así de tonta soy.
Hablo del futuro. Meses. Meses y meses. Nada de años, que me dan miedo. Que sean mejor sucesiones de estaciones. Calor y Frío. Tardes y noches. Sendas madrugadas.

Sendas madrugadas.
Apuro el café. Fuera, si no sale el sol, hará frío. Y quiero volver pronto a casa, llegar a aquí. Y no es por las manos heladas y la nariz roja.
Sendas madrugadas. Y ojalá fuesen una.


"¿Tú y yo qué?"
Y se me encogió el corazón.
Y era de madrugada.

sábado, 16 de octubre de 2010

Hasta que me duele y me arde toda la cara


No te dediques a pensar en nada que hayas podido ver o vivir.
Pregúntame, que tengo la respuesta preparada.
Pero al final va a dar igual.
Porque esto es un tira y afloja. Y tengo tan poca fuerza, y tú tan mal gusto, que no me llegas a convencer, y sólo pierdo cuanto antes tenía entre las manos. Que de pronto ya no me gusta nada.

Aprieto las mandíbulas hasta que me duele y me arde toda la cara.
De pronto ya no me gusta nada. Y nada nuevo llena esos vacíos.
Por eso tengo que evitar los espejos, apretar las mandíbulas, fuerte hasta que me duela y me arda la cara.
El ceño, de tanto fruncirlo para evitar llorar.
De pronto tampoco me gusta.

Miro al pasado como si no quisiese tener un futuro.
Miro de reojo. No porque importe lo que opinen los demás (que también), sino para ver si ellos saben algo de lo que estaba bien o mal.

domingo, 10 de octubre de 2010

(White)Sunday


De esos domingos blancos de los que hablaba en un tiempo que se me antoja tan tan lejano que está pintado del color de los sueños etílicos de sábados cortos por la noche. Cuando empieza a hacer frío.
Es Octubre, ¿no te lo había dicho?¿no te habías dado cuenta?
Con ese cielo que nunca miras el tiempo suficiente como para darte cuenta de que, extrañamente, no es azul. Con esa luz, de un tono parecido al que yo enredé a mi cama; que ahora se ha vuelto dorada, brillante.
Y es que paso dos días aquí, y no reconozco mi casa, mi cama (que siguen igual que siempre), pero es como si llevase toda mi existencia festiva contigo. Como si antes de eso no hubiese más que una leyenda de mi existencia, el recuerdo de algo que no siento real.
Cuentos de hadas de cuando eras pequeño. Y la sensación de crecer, crecer en invierno, con ese medio-frío mordiendo la punta de los dedos. Y las bufandas de lana, de colores, asomando un poco fuera del cajón, saludando.

Es un mes de llorar, sola.
Es un mes de esos que pasan rápido y más en la cama que en la calle. Recordando.
Creyendo que no echas de menos, durmiendo más sola que nunca.

Y volveré cuando acabemos Octubre. Cuando lo gastemos tanto, que tengamos que esperar un año más.

No se siente tanto como en Octubre, tan adentro, tan en el tuétano del alma, si es que nos queda de eso.

viernes, 8 de octubre de 2010

Bonita

- Que sonrisa tan bonita.
- Tú sí que eres bonita.
-Tu sí que me haces bonita.


Y aunque fuese un error me quedé con ganas de decir(te)lo.
Dormir con una sonrisa. Sintiéndome menos mía.

martes, 5 de octubre de 2010

October's wrath





A veces simplemente quiero que me des la puta razón.











Y no es por saber que estoy en lo cierto,
es por sentir que me entiendes. Me compartes.

lunes, 4 de octubre de 2010

Que casi-viven conmigo


Miro a la pantalla como una idiota.
Espero algo de ti. Incluso una despedida de esas nocturnas, que me hacen sentirme insomne como antes. Pero casi te puedo ver, despierto, frente a la pantalla, con esa cara de bobo que se te pone. Concentrado.
En nuestro lienzo en blanco dibujo mis palabras, las tuyas.
Bueno, ya sabes, no es que seas tú; es un poco todo.
Que tengo la locura aún húmeda y me siento pesada.
También me siento en pánico, ¿sabes? hoy casi me echo a llorar pensando en el futuro (sí, sí, sé bien que hacer planes es falta de las que descalifican). Y es que pensé que cómo iba esto a sobrevivir más de dos semanas si no somos capaces de encender una vela en forma de oración cada noche. Por eso de que yo soplo y soplo. Y tu casita de enclenques paredes de paja no cede.
Estamos tan lejos.
Aunque no sea tanto.
Hablo de vidas.
La mía, la tuya y la del vecino.
Al que, cada día, al escucharle salir y entrar, despido y saludo muy bajito.
Que casi-viven
conmigo.

domingo, 3 de octubre de 2010

Cuando sea capaz


Me dice que hace planes de futuro. Me hace sonreír. Creo, pienso, que ella también sonríe al otro lado. No lo sé, pero lo imagino.
Y evoco para mí ese sentimiento suyo. La calidez del pecho al recibir una llamada. Una que diga: "Chica... ¿por qué no estás aquí?"
Que te besen la nuca.
Y es que en cuanto mi casa se queda vacía comienzo a reflejarme en los espejos.
Y nunca he sido mi mejor compañía.
No derrocho esas palabras que siempre tengo ganas de decir(te). Para sentirme orgullosa cuando sea capaz de hablar. Y asentir.
Siendo consciente de todo lo que me rodea.
Cuando sea capaz. Cuando tú lo necesites tanto como yo.
Y no cuelgue sobre nuestras cabezas ninguna espada que de miedo. Ni mi voz.


-Echo de menos tu cama.
-Yo te echo de menos a ti.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Still Alive



Uno no vive en la ciudad en la que reside. No vive en un piso, un apartamento o un portal con su numerito de bronce perfectamente alzado sobre nuestras cabezas.
Tu vida no es un lugar concreto.
La vida está en un trayecto al trabajo que recorremos cada día, en personas y costumbres.
El problema es que no nos damos cuenta de que nuestra vida es un sofá, o un café, o unas escaleras de Correos; una pizza los viernes, hablar todas las noches con la misma persona...
No vives un marido o unos padres o unos hijos o un perro.
Vives un abrazo o un desdén, acostarte a kilómetros en una misma cama de matrimonio, sexo, disculpas, despedidas, decepciones, logros, caricias.
Y no, no tienes un empleo, tienes un montón de lápices (algunos con punta, otros esperando el turno de esa máquina que hay anclada a la mesa y tan punzantes los deja), tienes una pantalla vieja de ordenador, unos zapatos de tacón que te matan, unos recipientes de cristal, un delantal, unos guantes.
Por supuesto, no, no caminas, haces ecos en el suelo. Porque caminar es como si diese igual hacerlo sobre madera o moqueta. Y no, tu pisas madera, y linóleo, pisas tierra.

Porque uno vive sin darse cuenta. Y se da cuenta de todas las cosas muertas.
Vives en un cementerio de aciertos, en un campo de equívocos.
Como andar en sentido contrario. Como cruzar la calle con los ojos tapados.

Porque uno esta vivo en todo aquello que, precisamente, nunca ve.


- ¿Esas flores que sobreviven al invierno, aunque sólo sea durante unos días? Pues esas flores saben que vivir no consiste en respirar, alimentarse y reproducirse. Ni en llevar traje y ganar dinero. Ni en besar o amar. Ni en llorar y gritar.
Consiste en tu imagen en el espejo y hacer escapadas al cine.
En la cara del que es amado, y no puede evitar amar(te).
En el sabor de las lágrimas y esa sensación áspera y pesada en la garganta.
- ¿Por eso sobreviven un poco más?
- No, lo hacen porque el destino es cruel.